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martes, 4 de septiembre de 2012

Echar de menos.

Tres palabras, cinco sílabas, doce letras, incontables sentimientos. Y nada más leer la palabra echar, has pensado en lo que siempre piensas, más correctamente* en el que siempre piensas.
Echar de menos sus abrazos, las interminables conversaciones que empiezan en un día y acaban en otro. Su manera de vivir la vida a 100 sonrisas por minuto, de hacerte reír cuando nadie puede, de sonrojarte con un simple guapa. Hacerte llorar con sus idas y venidas y arreglarlo todo a los 10 segundos con una sonrisa.
Eso es echar de menos? Piensa un poco y deja ese mundo paralelo, y cíñete a las realidades. En realidad echas de menos sus abrazos aun cuando te los hayan dado hace dos segundos. Esa manera de vivir bipolarmente entre lágrimas y sonrisas que es contagiosa. Conversaciones sin pies ni cabeza desde la madrugada hasta la noche, en la ducha, en clase, cualquier sitio siempre es bueno.
Sonrojar? Te sonrojas cuando oyes un "Cachonda!" a la vuelta de la esquina y sin ver, ya sabes quienes son. Da igual tener pelos de loca cara de muerta un lunes por la mañana que siempre vas a estar guapa. De enfadarse, llorar día y noche y sacar todo el orgullo, haciéndonos creer fuertes. No nos engañemos si no están no hay dónde apoyarse.
Arreglarlo? Con más lágrimas aun. Te voy a decir lo que es echar de menos. Echar de menos es tener a tus mejores amigas a kilómetros y no poder oír su voz día a día, no poder abrazarlas hasta asfixiarlas cuando no hay más palabras.
Cuando faltan ellas, sobra todo.

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