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martes, 27 de agosto de 2013

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Emociona tanto como el despertar de un niño de seis años en un 6 de Enero. Hace feliz como pasar de la parte rugosa del antideslizante a la parte lisa de mi vieja Canon 20D, su peso, la forma monótona de girar el objetivo y el sonido exclusivo que hace al capturar.
Satisface tanto como olvidar a alguien y duele como una caída emocional. Sientes impotencia como cuando sabes que no puedes solucionar sus problemas, por mucho que desées. Ilusiona como las palabras y mata como las promesas. Transmite sensaciones únicas como nadar y nadar hasta que no oigas los ruídos de la orilla, flotar haciendo el muerto y que solamente oigas tu propia respiración y los latidos, el leve picor del salitre y la sensación que sienten los dedos al rozar con el agua cuando nadas. Cansa como la constante rutina de los martes. Impacienta como una pequeña reclamando la atencion de su padre desde el borde de la piscina. Constantemente llena de cambios que nos afectan tanto para bien o mal, pero que no escoge uno mismo, sino que son consecuencias o respuestas a una acción.
Y sorprende tanto como estar en ese lugar del que mil veces te habían hablado pero que ni en sueños imaginabas así.
No digo que los cambios sean malos, pero nunca son fáciles, aunque con suerte suelen ser a mejor. Quizás sea eso lo que necesito, un cambio, un cambio que tendré.
Pues así, así es como se comporta la vida. Puedes tener buena o mala suerte, si crees en ella claro, pero tarde o temprano nos jode a todos. Y, llamarlo karma o justicia cósmica pero muchas veces esta compensada.